Ayudadnos a aclarar a padres, alumnos y profesores la función de este elemento de nuestros centros: Dadnos vuestra definición de qué es una biblioteca y para qué sirve; si es un simple almacén de libros o un lugar vivo donde encontrar información y entretenimiento... Compartid vuestras ideas con nosotros e iremos derribando tópicos poco a poco!
viernes, 27 de febrero de 2009
Una noche de perros, de Hugh Laurie
Tuvimos una alarma de bomba en el vuelo a Praga. Ni rastro de la bomba, pero sí mucha alarma. Nos acomodábamos en nuestros asientos cuando se oyó la voz del piloto por el equipo de megafonía interior, que nos decía que desembarcáramos lo más rápido posible. Nada de "Damas y caballeros, en nombre de British Airways" o algo por el estilo. Solo salgan del avión cagando leches.
La historiadora, de Elizabeth Kostova
Reflexiones sobre la escritura (I)
Luchar contra el correo electrónico sería un esfuerzo inútil, una batalla de antemano perdida. El e-mail no sólo ofrece unas ventajas prácticas impresionantes, incuestionables, sino que ejerce sobre muchos un atractivo especial, una suerte de fascinación –esta sí más cuestionable- que se basa ante todo en el culto omnipresente a la velocidad, al ahorro de un tiempo para el que temo que muchas veces no se dispone de una ocupación mejor. Esa obsesión por elegir en coche el trayecto más breve, como si a su término le esperara a uno algo importantísimo, cuando la mayor de las veces no nos espera casi nada. Inútil argumentar que el camino que nos sugieren es más rápido, pero que no tenemos ninguna prisa y que el otro discurre por calles más hermosas o por encrucijadas más ricas en recuerdos. No llevar prisa, no tener interés en ganar tiempo, es algo fuera de lugar, una pura extravagancia.No me gusta, pues, el correo electrónico, me he resistido denodadamente –inútilmente, porque casi siempre es a la larga inútil resistirse a los progresos, indudables progresos de la modernidad- a utilizarlo, pero una lectura de Heidegger me ha dado la argumentación para escribir acerca del tema. Dice Heidegger: “Sólo de la palabra y con la palabra ha nacido la mano. El hombre no tiene manos, sino que es la mano la que tiene íntimamente la esencia del hombre, porque la palabra, como ámbito esencial de la mano, es el fundamento esencial del hombre. La palabra, en cuanto aquello que se muestra a la mirada, es la palabra escrita, es decir, la escritura. Pero la palabra escrita en cuanto escritura es el manuscrito.” Al pasar a la máquina, la palabra ya no discurre a través de la mano que escribe y que propiamente actúa, sino a través de la impresión mecánica de la mano. La propia palabra pasa a ser algo mecanografiado. Escribir a máquina quita a la mano el rango que había ocupado en el ámbito de la palabra escrita y degrada la palabra a ser un medio de transporte. La máquina oculta la grafía de la mano que escribe, y, por consiguiente, el carácter de la persona. En la escritura a máquina somos todos iguales.Me gustaría personalizar esta reflexión acerca de la escritura a mano y a máquina hablando de las cartas. Actualmente, además de las cartas manuscritas y las escritas a máquina, tenemos las enviadas por e-mail. Las primeras en creciente desuso, las segundas en vías de extinción, las terceras dueñas del inmediato futuro. Todo sea en aras de la velocidad. Es más rápido escribir a máquina y leer lo escrito a máquina que escribir a mano y leer lo escrito a mano. El correo electrónico es un prodigio de celeridad en la comunicación escrita. Pero creo que, en contrapartida, va en detrimento de la palabra. Creo que por lo general se escribe peor y de manera menos reflexiva. Pero además, incluso en los e-mail escritos con esmero, se ha perdido algo.Cada carta es un prodigio de cada persona que la escribe. Son naturales, la velocidad de escribir a mano permite el tiempo justo para montar y seleccionar las frases en la cabeza antes de plasmarlas en el papel; se selecciona el papel, la tinta, el membrete, la firma,… Cada carta está llena de elecciones personales de la persona que la ha escrito, pensando en la persona que la va a recibir y leer. En los e-mal no hay papel especial, ni firma autógrafa, no hay casi erratas. No siquiera los ha tocado físicamente la persona que los envía. Asepsia total. Indigencia total.Nunca me ha gustado el correo electrónico para la correspondencia privada, casi nunca lo que tengo que escribir es tan urgente, pero sólo hoy me animo a escribir este réquiem por la escritura a mano, por las obsoletas, anticuadas, hermosas y personalísimas cartas manuscritas.
La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón
Es uno de los mejores libros que he leído últimamente. Es fantástico!
Pel de lobo, de Xosé Miranda
A volta ó mundo en 80 días, de Xulio Verne
300, de Frank Miller y Lynn Varley
Reflexiones sobre la lectura (I)
Hay que leer. Tan simple como eso. Podemos discutir acerca de qué obras hay que leer, a qué edades leer qué cosa, e incluso debatir acerca de para qué sirve leer. Lo que no admite ningún tipo de discusión es la necesidad de leer. Un buen educador ha de ser aquel que consiga despertar en los demás la curiosidad por internarse en las páginas impresas de uno o muchos libros. Estará en las manos del educador –sea padre, maestro o profesor- el escoger las lecturas adecuadas, y el momento oportuno en el que dar a leer una u otra obra, hasta que el lector adquiera la capacidad crítica necesaria para escoger sus propias lecturas.Hace no demasiados años, al terminar el colegio, uno salía provisto –en el mejor de los casos- de todo el bagaje cultural que iba a necesitar durante el resto de su vida. Ahora, sociólogos e investigadores hablan de la “sociedad de la información” y afirman que cada cinco años se duplica nuestro saber. Es curioso observar que, a la vez que estamos inundados de información, padecemos, a la vez, déficits de conocimiento. Esta dualidad se define usualmente con la expresión “sabiduría de expertos” y se lamenta la existencia de “idiotas especializados”. Esta calificación es injusta, si tenemos en cuenta que vivimos en una sociedad que precisa conocimientos específicos. Por eso no es reprochable ser un especialista; el problema radica en que no es suficiente. El saber específico no es saber cultural, pues con él no es posible comprender la propia cultura. Esta es una de las razones por las que es necesario leer: para comprender el mundo en el que vivimos.La cultura humana se originó en una revolución mediática que se concentró en dos impulsos: la invención de la escritura y la invención de la imprenta. La escritura fijó el lenguaje, hizo posible su control, y lo sometió a las leyes de la gramática. La diferencia de tiempo y ritmo entre la palabra hablada y la escrita fue usada para estructurar el significado. Mediante la alineación de la sucesión sujeto-predicado-objeto, con todos sus complementos, puede construirse el orden lógico del pensamiento sobre la secuencia de las partes de la frase. Para ello es necesario desprenderse del mundo exterior y centrar la atención en el interior. En pocas palabras, se requiere capacidad de concentración.En los últimos años, esta capacidad ha conocido un enemigo mortal: la televisión, sobre todo entre los niños antes de que aprendan a leer. El ritmo de las imágenes coincide exactamente con la necesidad del cerebro de ser estimulado. Por eso, la televisión absorbe la atención. Actúa como una droga. Lógicamente, los niños tienen cada vez menos capacidad de concentración y difícilmente soportan la reducción del ritmo de los procesos para construir significados. Consideran las clases como una suerte de entretenimiento, comparan al profesor con las estrellas de la televisión y cambian de canal porque se aburren. Mediante la televisión, la comunicación oral ha vuelto a tomar el mando. El que no satisface sus necesidades de fantasía mediante los libros antes de ver la televisión, no desarrolla costumbres lectoras firmes. Leer siempre será arduo para el. Finalmente se desconectará de la cultura escrita y se hundirá de nuevo en una cultura visual ágrafa.
Conta saldada, de Suso de Toro
Callejón sin salida, de Gemma Lienas
Manolito Gafotas: Los trapos sucios, de Elvira Lindo
Eragon, de Christopher Paolini
Para descubrir la respuesta a esta y otras preguntas, no tienes más que abrir las páginas de este apasionante libro. En algunos aspectos recuerda un poco a la mitología de El Señor de los Anillos, con una diferencia: Tolkien estaba ya jubilado cuando escribió su saga del Anillo, y el autor de Eragon es un chico que acaba de cumplir los dieciseis.
¿Creéis que a esa edad se puede escribir un libro de éxito, y alargarlo hasta completar una trilogía? ¿Irá bien en los estudios Christopher Paolini, con tanto libro y tanta promoción de sus obras? No teneis más que perderos en las llanuras de Alagaësia, intentar ver los límites de las montañas de Beor, o pasear por los bosques de Du Weldenvarden...si los Elfos os dejan."El viento aullaba en la noche, llevando un aroma que cambiaría el mundo. Una alta Sombra levantó su cabeza y olfateó el aire. Parecía humano, excepto por su pelo escarlata y sus ojos marrones. Parpadeó con sorpresa. El mensaje había sido correcto: ellos estaban aquí. ¿O era una trampa? Sopesó las posibilidades, y dijo friamente: 'Dispersaos; escondeos tras los árboles y arbustos. Detened a quienquiera que venga... o morid:' "
Seda, de Alessandro Baricco
Decir algo más sería contar ya todo lo que esta pequeña joya encierra. Sumergíos en sus páginas y descubrid cómo la imaginación puede cambiar la vida de un hombre... o una mujer."...hasta que al final te bese el corazón, porque te deseo, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te deseo, y con el corazón entre mis labios tú serás mío de verdad, con mi boca en el corazón tú serás mío para siempre, si no me crees abre los ojos, amado señor mío, y mírame, soy yo, quién podrá borrar este instante que sucede, y este cuerpo mío ya sin seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran.
A contar ovellas, de Elvira Pérez
El loco de la colina, de Jordi Sierra i Fabra
Astérix e Obélix: O combate dos xefes
Un cómic clásico cheo de humor que non podes perder, un libro ideal para as persoas que se queiran rir un bo anaco.
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